Primera Cuchara

Diferencia entre arcada y atragantamiento al empezar a comer trozos

Diferencia entre arcada y atragantamiento al empezar a comer trozos

Esa tarde de mayo el calor en el departamento se sentía pesado, de ese que te hace pegar la frente al vidrio de la ventana esperando una brisa que no llega. Abajo, en la ferretería de mi familia, se escuchaba el ruido de las cortinas metálicas y el olor a aceite de motor subía por la escalera, mezclándose con el aroma del brócoli al vapor que acababa de sacar de mi canastilla de acero. Mi bebé estaba sentado en su silla, frente a un trozo verde que sostenía con su mano gordita. De pronto, hizo un ruido extraño, como un espasmo seco, y mi corazón se detuvo por completo mientras la vida en la calle Arcos seguía su curso como si nada estuviera pasando. Sentí ese sudor frío en la nuca, el mismo que me dio la primera vez que tosió con un pedacito de aguacate, y mis manos empezaron a temblar sobre la mesa.

El susto del ruido: Entendiendo la arcada

En ese momento me acordé del primer curso de Hotmart que terminé de principio a fin. La instructora repetía que el ruido es nuestro mejor amigo. Lo que mi bebé estaba teniendo era una arcada (o gagging, como dicen en los videos), y aunque se ve espantoso porque se ponen rojos y parece que van a devolver hasta el alma, es en realidad un mecanismo de defensa maravilloso. Me quedé quieta, apretando el borde de la mesa, recordándome que no debía meterle los dedos a la boca. Eso es lo más difícil de ser mamá primeriza: aguantar las ganas de 'rescatarlos' cuando ellos mismos están aprendiendo a gestionar el alimento.

Babero de silicona manchado de betabel junto a una vaporera de metal

La arcada sucede porque el reflejo nauseoso de los bebés está ubicado en el tercio anterior de la lengua. En nosotros los adultos, ese reflejo está mucho más atrás, casi en la garganta, pero en ellos es una alarma que se activa mucho antes de que la comida llegue a una zona peligrosa. Es como un entrenamiento. Si el trozo de brócoli toca ese punto, la lengua empuja el alimento hacia afuera. No manches, la primera vez que lo ves juras que se está asfixiando, pero si hay ruido, si hay tos o si hay ese sonido de esfuerzo, es que el aire está pasando. Es solo su cuerpo diciendo: 'esto está muy grande, regrésalo'.

El peligro del silencio: Qué es el atragantamiento real

Lo que de verdad me quita el sueño, y por lo que siempre tengo el teléfono a la mano con el número de emergencias, es el atragantamiento (choking). A diferencia de la arcada, el atragantamiento es silencioso. Si la vía aérea se bloquea, no hay aire para producir sonido, ni tos, ni llanto. Es ese silencio sepulcral lo que debe hacernos saltar de la silla. Por eso, una de las reglas de oro que mi pediatra me recalcó en la visita de los seis meses es que el bebé debe estar siempre sentado a 90 grados. Nada de comer recostados o en sillas que parecen columpios; la gravedad tiene que estar de nuestro lado para que, si algo falla, el alimento caiga hacia adelante y no hacia la tráquea.

Silla de comer para bebé ajustada en ángulo de 90 grados para seguridad

He aprendido a observar su cara. Si se pone morado o azulado, si se lleva las manos al cuello o si simplemente abre la boca sin que salga nada, ahí es cuando entran las maniobras que practiqué con un peluche después de ver el curso que dejé a medias. Pero honestamente, la mayoría de las veces lo que tenemos en la cocina son arcadas. Esas que dejan un residuo púrpura de betabel en el babero y que me obligan a limpiar el piso dos veces, pero que son parte de su aprendizaje. Si te interesa ver qué le doy para que practique, hace poco escribí sobre alimentos ricos en hierro para bebés que inician sólidos este mes que son perfectos para estas primeras semanas.

El corte perfecto: El tamaño del bastón

Para evitar que el susto pase a mayores, me volví experta en los cortes. Al principio me daba pánico dejar la papilla, pero ver cómo intentaba agarrar mi cuchara me convenció de probar el BLW de vez en cuando. La clave está en el tamaño tipo bastón, que debe medir entre 5 a 6 centímetros. Básicamente, debe ser del largo y ancho de mi dedo índice para que él pueda cerrarlo en su puño y todavía sobre un pedacito por arriba para que pueda morder. Si el trozo es muy chiquito, como una moneda o una uva entera, el riesgo sube muchísimo porque puede deslizarse directo a la garganta sin que la lengua lo detecte a tiempo.

Bastones de zanahoria y calabacita al vapor cortados para baby led weaning

Una mañana, el pudín de chía terminó en el piso porque el bebé decidió que era mejor idea usarlo de pintura de guerra. Entre el cansancio y el olor a fierro de la tienda de abajo, me senté a ver cómo intentaba llevarse un trozo de plátano a la boca. Sentí el ping metálico de su cuchara de silicona al caer contra la charola y me di cuenta de que mi ansiedad no le ayudaba. Obviamente, yo no soy nutricionista ni tengo certificaciones de ningún tipo, solo soy una mamá que intenta descifrar esto entre siestas. Por eso, siempre les digo: consulten con su propio pediatra antes de cambiar texturas, cada bebé lleva su ritmo.

El riesgo de retrasar las texturas

Aquí es donde mi opinión se desvía un poco de lo que escucho en los grupos de WhatsApp de otras mamás de Querétaro. Muchas dicen que es mejor dar puras papillas lisas hasta los diez meses para 'evitar sustos'. Pero lo que leí en los manuales de alimentación complementaria es que evitar las arcadas mediante la introducción tardía de texturas en realidad entrena mal el reflejo nauseoso. Si no dejamos que la lengua aprenda a gestionar trozos ahora que el reflejo está adelante, cuando el bebé crezca y el reflejo se mueva hacia atrás, el riesgo de un atragantamiento real en la etapa escolar podría ser mayor porque nunca aprendió a masticar y mover la comida con eficiencia.

Mano de madre sosteniendo un trozo suave de aguacate sobre la charola

Es un laboratorio diario. Un martes el puré de calabaza es un éxito rotundo y el miércoles el mismo puré termina decorando las paredes. Lo importante es que yo esté ahí, presente, observando cada movimiento. No manches, a veces termino más agotada de la tensión de la comida que de haber cargado al bebé todo el día por el centro. Pero ver cómo él mismo gestiona un trozo de aguacate maduro, cómo lo deshace con las encías y cómo, si se pasa de la raya, él solito tose y lo expulsa, me da una paz que ninguna teoría de curso me dio.

La calma después de la batalla

Al final del día, después de que logré limpiar la silla de comer del bebé y el piso ya no está pegajoso, me quedo pensando en lo mucho que hemos avanzado. Pasamos de las primeras cucharaditas de papilla de zanahoria a dejar que él explore texturas más complejas. La cocina sigue siendo el cuarto más ocupado de la casa y yo sigo aprendiendo a distinguir los sonidos. Ya casi no salto de la silla cuando hace una arcada; ahora simplemente lo animo con un 'ándale, tú puedes' mientras vigilo que su espalda esté bien recta.

Suelo de cocina con restos de comida bajo la silla del bebé después de comer

Si estás empezando, ten paciencia. El miedo es real, pero la capacidad de nuestros hijos para aprender es mucho más grande. No te sientas mal si un día regresas a la papilla porque tus nervios no dan para más; yo lo hice la semana pasada cuando el bebé estaba muy irritable por los dientes. No hay una forma perfecta de hacer esto, solo la forma que funciona para ti y tu bebé en este momento. Qué milagro es verlos crecer, aunque eso implique tener que trapear tres veces al día y vivir con el corazón en la garganta un ratito cada tarde.

Importante:
Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.

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